Puses

Pus 01: Conciencia

He abierto la ventana, necesitaba airearme, aire, me asfixiaba, aire. Sólo tengo que alargar la mano, mover el brazo y flexionarlo junto a mis dedos para que una bocanada de aire fresco me golpee con su vital brutalidad. En un alarde de supervivencia animal consigo que las oxidadas bisagras de la ventana chirríen hacia mi favor retumbando así estentoreamente por cada resquicio de mis deterioradas entrañas. Con sorpresa, en lugar de un placebo que si quiera alargaría el malestar, un violento golpe de aire viciado me invita a morder el polvo mientras noto como poco a poco, a pura fuerza de contacto, se va mezclando en mi boca junto con la sangre que el impacto ha desatado a borbotones.

Mientras tanto, con la mejilla totalmente aplastada contra el suelo y mis ojos dejando escapar gradualmente todo brillo de vitalidad sin perder si quiera un milímetro de apertura, consigo dilucidar como único clavo ardiendo al que aferrarme el malestar que se mantiene como uno signo de la continuidad de mi “yo”.

Ahora entiendo, que a pesar de haber podido respirar el mejor de los vientos, habría sido derribado una y otra vez por el peor de los dones, que si bien debería complementar su objeto de ser, es decir, el ser, no hace más que repelerlo y repudiarlo.

Pus 02:

Sonido

seco de carne golpeando

contra el suelo.

Viéndoos andar de pie siempre

os escucho esa sensación

con su posterior cara

de orgullo

ofendido.

Lástima que os lo olvidarais

en alguna parte donde jamás

sabríais encontrarlo.

Como perros

persiguiendo sus colas

dais vueltas.

Seguid hasta

marearos

para seguir sin daros cuenta

que os perseguís

a uno mismo.

Pus 03: La compra

De alguna manera, mientras iba a hacer la compra, no he podido evitar fijarme en la fragante asepsia que inunda hasta el último resquicio de todo lo que nos rodea. Como envuelto de una falsa inocuidad siniestra y acechante a la que nos hemos acostumbrado sin remedio a fuerza de sobre-información y falacia mediática. Todo nuevo, todo limpio, todo perfecto.

¿Quiere tranquilidad? Se la vendemos. ¿Quiere placer? Se lo proporcionamos y por supuesto, si usted no quiere nada, trabaje para nosotros y ya encontraremos algo que nos pueda comprar aunque no lo necesite.

Convertidos en compradores de sensaciones envasadas al vacío.

De sensaciones extranjeras a nosotros mismos. Siempre placenteras, siempre falsas. Bien parecidas a la fruta transgénica de los supermercados que nunca se pudre, de aspecto homogéneo y si ninguna distinción.

“Soy un ser humano. No doblar, romper o torcer.”

Acertado sarcasmo Lipovetskyano que, por desgracia, parece ser que se ha vuelto una especie de máxima de las personas, las empresas/gobiernos, la legislación…. cuando en realidad esa misma frase, de no ser prohibición, sería la gracia de ser ser humano.

Dóblenme, rómpanme, tuérzanme. O al menos, inténtenlo.

Pus 04:

Enormous mass of meat come against me.

I’ve sewed you in an unconscious way you could never see.

Handling now the threads of your acts.

Try to hit me. Try to hit me.

Do you know what you have to do, don’t you?

Now go away and apologize.

Goodbye

Pus 05:

Fluir

entre sonidos de hojas

secas.

Charlando

en diálogos mudos

con la soledad

sabrosa.

Deseo olvidarme

de la obligación de afirmar

que formo

parte de vosotros.

Sigo

sin entenderos.

Desarraigo

de cualquier

sentimiento,

si quiera,

cercano.

Asco.

Pus 06: Virus

Dadme por vencido,
por extinguido,
y saltad.
Saltad por los aires
mientras
sólo
permanezco escondido
en vuestra inocuidad
vacía.
Enterrado
en vuestras frases hechas.
En vuestros modos hechos
de no vivir.
¿Vive alguno?
Nadie.
Y mientras tanto
mi risa
fugaz
fuerte
dura
rebota en todas y cada una
de las partículas que simuláis
encima de mí.
Nunca en mí.
Por eso,
vivo.